Los cuentos son un «un cuento» y ahora te cuento. Parte 1.

Desde tiempos inmemoriales, hemos crecido escuchando, leyendo e incluso viendo en televisión cuentos infantiles con apariencia inofensiva y nula crítica. Estábamos muyblancanieves-cuento-hadas equivocados. Según las investigaciones del Wichita Tecnology Institute, la gran parte de los relatos oculta extraños mensajes subliminales con un objetivo claro que desarrollamos a continuación.

Tomando como ejemplo el clásico Blancanieves y los 7 enanitos, observamos como la protagonista es una princesa bellísima que es víctima del intento de asesinato por parte de su madrastra, la reina, por simple envidia. Aquí tenemos la primera reflexión: una princesa sufre y tiene que luchar para recuperar su estatus. El final feliz, como todos conocemos, es que un príncipe la besa y se convierte en reina.

Mensaje: para tener la felicidad tienes que ser rico y poderoso.

Otro detalle, es que en el caso de Blancanieves, como en el de Cenicienta, la maldad se focaliza en una madrastra. Hoy en día, si esto fuera así, habría medio mundo sufriendo las venganzas de las madrastras, con tanta separación y divorcio. La madrastra, debido a los cuentos, siempre ha tenido muy mala prensa, igual que las suegras. Todo es un complot orquestado por los Hermanos Grim o Hans Christian Andersen, entre otros escritores o «cuentistas». En el caso de Cenicienta ocurre algo similar. Su padre se casa en segundas nupcias con una mujer que ya tiene dos hijas. A la muerte del padre, la madrastra se comporta cruelmente con Cenicienta, también por envidia. Y aquí viene la cuestión a debatir: nuestra protagonista es infeliz porque tiene que trabajar limpiando y cocinando. En estos tiempos de crisis, creo que cualquiera sería feliz si pudiese hacer ese trabajo por un puñado de euros.

En el caso que nos ocupa el trabajo es un castigo y la única salida a tan «trágica» situación es encontrar un marido rico y con  propiedades sin emplear demasiado esfuerzo. Para eso tenemos al Hada Madrina. «¡Venga, te visto un poco mona y ya tenemos otra princesa!». ¡Pobre Cenicienta!, es guapa, joven, y pilla a un príncipe que nada en la abundancia.
cenicienta-portada

El caso de la Bella Durmiente ya clama al cielo. También es hija de reyes, tienen tres hadas madrinas que la protegen, y hay un hada malvada que se venga de esta pobre familia real porque no ha sido invitada al bautizo. Un poco rebuscado ¿no?.

La maldición por haber sido apartada de la celebración es que la princesa se pinchará con una aguja al cumplir 15 años y morirá. Afortunadamante, los contactos de los reyes, como todos sabemos, llegan muy alto. Por eso consiguen reducir la maldición a un simple hechizo que la dejará dormida 100 años en caso de clavarse la aguja. Y así ocurre, tal como estaba escrito.

La-Bella-DurmienteLa pobre princesa se sume en un profundo sueño y a sus padres no se les ocurre otra cosa que acostarla en un lecho de zafiros y diamantes para llorarla. ¡No puede ser una cama normal de viscolástica, nooooo, tiene que ser de piedras preciosas!. Que poca vergüenza.

Eso sí, los reyes son tan majos que deciden comprar un nuevo hechizo para que todo el reino duerma también 100 años y así se despierten al mismo tiempo. «O sea, mi hija se duerme y ahora todos a hacer una larga siesta. ¡Es que como mando mucho!».

Luego, ya conocido, viene otro príncipe, no sé si el mismo que despertó a Blancanieves con un beso, pero repite la misma operación y… «voila», la princesa se despierta y al día siguiente se casa con el noble de sangre azul de turno.

Nosotros, nuestros hijos, han crecido viendo sufrir a la realeza. Por eso ahora nos duele tanto ver a la Infanta Cristina, a Urdangarín o al propio Rey, pasar por ciertas penurias que son «inmerecidas». Más pronto o más tarde llegará un príncipe o un hada que les sacará del atolladero. De momento, otro Rey ha dado trabajo a una de estas víctimas. ¡Qué descanso!